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La Fuerza de la Capacitación Vivencial

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Nicolas Cage, representaba el papel de un ángel y le pide, con gran curiosidad a Meg Ryan, que le describa "el sabor de una pera" (grande y jugosa, por cierto).  



La escena sucedió hace más de 15 años y yo sigo intrigado y con la misma cara de sorpresa que ella, al tratar de describir algo tan obvio y simple. El intento de respuesta fue bastante burdo, balbuceante y acompañado por una sonrisa que reflejaba incredulidad e impotencia.

Sigo sin tener una respuesta que me deje satisfecho, pero esa sensación sembró en mí enormes sospechas sobre la suficiencia del lenguaje hablado para comunicarnos con corrección y propiedad.

Intente explicar a un ciego de naci-miento el color púrpura, o ¿qué tal el fucsia?

¿Complicado?

¿Qué tal un curso intensivo de natación de 8 horas continuas?... a puerta cerrada, sin piscina y dirigido a un público beduino que jamás vio un estanque de agua con una profundidad mayor a 30 cm.

Vayamos ahora al desarrollo organizacional y a la formación de equipos de alto desempeño. Expliquemos que sin confianza no es posible la coordinación de acciones, ni la obtención de consensos y mucho menos de objetivos comunes.

¿No estaremos frente a la misma desconexión y a la ceguera que nos hace naufragar en un mar de ideas preconcebidas, subjetividades, prejuicios e historias personales que hacen materialmente imposible coincidir y compartir esa simple idea?

• Juan aprendió que la confianza debe merecerse y otorgarse poco a poco.
• Sofía está convencida que es bueno confiar, "siempre y cuando sea recíproco".
• Andrés, simplemente no confía.
• Arturo confía ciegamente "en sus amigos".

En fin, todos tenemos un paradigma o al menos un dicho que condiciona nuestra confianza hacia los demás; si además le añadimos los intereses creados, las luchas de poder, las afinidades selectivas, la química y demás ingredientes, de poco servirá que nos vengan a pontificar sobre la necesidad y conveniencia de contar con una cultura de confianza dentro del equipo.

Este es justamente el terreno de la formación vivencial. Su esencia consiste en despojar al individuo de su creencias, prejuicios y preconceptos, llevándolo a situaciones límite, reales o supuestas, en las que la zona de confort desaparece y se enfrenta a situaciones de supervivencia.

Cuando lo único que importa es el "aquí y ahora" y el único valor a defender es la vida misma, todos los artilugios como el ego, los gustos, el confort, los intereses personales o de grupo, salen sobrando.

Un Taller Vivencial debe tener claramente establecido antes que nada el objetivo; debe quedar claro que quien lo imparte juega un rol crucial, equivalente al del médico frente a su paciente, por lo tanto es un principio ético fundamental el que se parta de un diagnóstico certero, que considere el perfil del grupo, sus antecedentes, la problemática específica que enfrenta y el objetivo a alcanzar, para después proceder a un diseño personalizado.

Al igual que se descubre el sabor de esa apetecible pera, tan solo mediante un buen mordisco y se aprende a nadar lanzándose al agua, se aprende a CONFIAR, CONFIANDO.

Efectivamente, la confianza se cons-truye y la mejor manera de ha-cerlo es colocar al individuo en una situación en la que "tenga que confiar", o mejor aun, que tenga el privilegio de confiar en alguien más, sin importar más nada que la supervivencia.
Otro ingrediente fundamental es la fragilidad; aquel que aspire a confiar y merecer la confianza de los demás, deberá pagar un peaje, que consiste en despojarse de sus velos y armaduras y exponer su esencia.

La tarea no es fácil, sin embargo de ello depende el éxito y trascendencia de individuos, parejas, familias, organizaciones y al fin de la humanidad como un todo.

NOTA: sigo sin poder describir el color fucsia.

Eduardo Fuentes Uquillas (Es Director General del Centro de Desarrollo Integral CAMPO KRASIBA. Lic. En Derecho / UIA, Maestro en Administración Pública / CIDE y Coach Ontológico / New Field)

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